Así fue mi primera experiencia Eatout

comida en casa conejo
Por Rodrigo Garrido

Era la primera vez que iba a una comida organizada por Eatout. No sabía como sería, quién estaría ahí ni que comería y eso hacía que mis expectativas fueran aún mayores, porque sé que esas son las experiencias que a fin de cuentas más valen la pena.

Comida Casa Conejo

Casa Conejo, es un lugar de Ñuñoa al que cuando llegas imaginas un bar, cócteles, música ondera y un ambiente de relajo en donde la gente va a pasarla bien, a reír y a hacer más llevadera la semana. No te imaginas que en ese mismo lugar, en algún rinconcito va a haber un chef cocinando y tú estarás sentado probando platos de comida, de esos que son sacados de revistas.

Desde la bienvenida cada detalle estaba especialmente cuidado. Nada sobra y nada falta. Y cuando piensas que la exploración visual ya abarcó todo, sorpresa! el chef, Joaquín Lea-Plaza, la gran estrella de la noche, estaba ahí mismo realizando sus preparaciones. De repente eso que uno no ve cuando va a un restaurant, lo tienes frente a ti, y tienes esa oportunidad de ser espectador y ver cómo es el proceso de creación de cada plato que luego estará frente a ti.

comida clandestina

Cada quien tiene su grupo de conversación, lo cual es normal en cualquier instancia social. Pero cuando te invitan a pasar a la mesa eso se va rompiendo, y de un momento a otro tienes a tu lado o al frente a alguien que habías visto hace un rato atrás pero probablemente no saludaste porque no lo conocías. Ahora, compartiendo la misma mesa ya te sabes su nombre y comienzas a entablar una conversación divertida, y en sintonía con el momento. Ya no hay muchos grupos viviendo cada cual su momento, hay dos mesas en las que todos comparten lo mismo; todos están ahí para comer rico, conocer gente, salir de la rutina de la semana. Básicamente para tener una noche memorable en torno a una nueva experiencia.

La comida comienza con un vino blanco y un plato sorpresa que nadie esperaba, pues no estaba en el menú que había en cada uno de los puestos. Es por ello que todos juegan a críticos intentando reconocer sabores, ingredientes, especias y definir qué es lo que se comía en ese momento. Creo que nunca pudimos acordar qué comíamos, solo sabíamos que estaba exquisito y esperábamos por más. Y la dinámica con cada plato que iba llegando era parecida; primero tomar las necesarias fotos y videos para presumir en redes sociales y luego ir poquito a poquito probando los sabores y buscando los ingredientes para compararlos con el menú hasta decir “Ahí está”. Todo eso acompañado de anécdotas, de muchas risas, de historias de personas con las que probablemente no te toparías jamás en la vida de no ser por esta comida.

Fue de aquellas noches en las que ves la hora en el celular y no te diste cuenta cómo avanzaron dos horas y que sólo te dignas a ver cuando notas que algunos ya se van levantando de la mesa. Pues la comida, los olores, los sabores, las conversaciones que tuviste, la gente que conociste en ese lugar hicieron que por un momento te olvidaras de la rutina, que mañana es un día laboral y debes levantarte temprano para arrancar a la oficina. Pero lo harás, y lo harás más feliz que de costumbre porque lo comido y lo bailado no lo quita nadie.

soledad hormazabal